jueves, 27 de marzo de 2008

Cronica de los Hechos de Moscu en Octubre de 1993

A. Kramer (2003)
Fuente: El Militante
Hace diez años durante los días 3 y 4 de octubre la “Casa Blanca” de Moscú (nombre con el que es conocido el edificio del parlamento ruso) fue bombardeado y cientos de personas fueron asesinadas. Esta era la guerra civil entre el presidente Yeltsin y el parlamento (el soviet supremo de la federación rusa). Hoy en día las autoridades rusas prefieren no recordar aquellos acontecimientos, no sólo por la naturaleza sangrienta de lo sucedido, sino porque lo que ocurrió en 1993 cuestiona la legitimidad del actual sistema político en Rusia. Los medios de comunicación occidentales también se comportan del mismo modo. Prefieren olvidarse de ello, o por lo menos no destacarlo, porque los acontecimientos de octubre de 1993 en Moscú no encajan bien en la mitología acerca de “las reformas pacíficas y democráticas en Europa oriental”. Lo irónico de la situación es que incluso alguno de los “héroes” que defendieron el parlamento aquellos días prefieren no ser recordados por el papel que jugaron, porque eso podría poner en peligro su carrera personal en el actual sistema burocrático ruso.
Sólo los marxistas pueden explicar y analizar lo que ocurrió en aquellos días sin sentirse avergonzados, y eso es lo que voy a intentar hacer. No pretendo describir la naturaleza de la confrontación entre el parlamento y el presidente Yeltsin. Esto ya lo hizo Ted Grant en su brillante trabajo, Rusia: de la revolución a la contrarrevolución. Aquí lo que trataré de mostrar es el papel jugado por las masas en aquellos dramáticos días.
El camino a octubre.
El conflicto entre Yeltsin y el parlamento fue un conflicto entre dos alas de la burocracia rusa que se manifestó durante los acontecimientos de agosto de 1991. Los dos principales líderes del parlamento el portavoz Ruslan Khasbulatov y el vicepresidente Alexander Rutskoy inicialmente se habían posicionado detrás de Yeltsin a las afueras del Parlamento (la Casa Blanca). Pero cuando llegaron al poder los antiguos “aliados” se encontraron en campos opuestos. La caótica y aventurera privatización, junto al resto de “reformas” pro-capitalistas habían logrado en pocos meses demoler la economía rusa. A lo largo de 1992 se desarrollo una creciente oposición a la política de Yeltsin por parte de aquellos burócratas que estaban preocupados por la situación de la industria rusa, así como por aquellos dirigentes regionales que querían mayor independencia de Moscú. Los dirigentes de las repúblicas ricas en petróleo como Tatarstan o Bashkiria incluso reclamaban la plena independencia de Moscú. Muchas de estas demandas encontraron representantes en el propio parlamento.
Sin embargo, los problemas a los que se enfrentaba la burocracia no eran nada comparados con los sufrimientos de la gente normal de Rusia. La abolición de los precios fijos provocó en algunas zonas a una inflación del 300-350%. De un solo golpe, la población perdió también todos sus depósitos bancarios. Para muchos pensionistas fue la peor catástrofe de sus vida. La producción industrial agosto de 1993 había caído un 41,3% con respecto a enero de 1990. Fue la mayor depresión en tiempos de paz de una economía nacional y las “reformas” capitalistas eran las responsables. Decenas de miles de trabajadores de las provincias perdieron sus empleos. Muchos estaban hambrientos y apenas sobrevivían. Como dijo un joven reformista ruso, las “reformas” capitalistas simplemente han “creado propietarios”.
Las masas rusas estaban confusas y desorganizadas. Sin embargo, algunas de ellas trataron de contraatacar. En diferentes regiones estallaron huelgas esporádicas, pero las masas no tenían un programa claro con objetivos políticos y económicos. Simplemente protestaban contra las nuevas y terribles condiciones de vida. El viejo sistema de sindicatos soviéticos colapsó al mismo tiempo que los dirigentes sindicales buscaban la manera de colaborar con el régimen.
En agosto de 1991 Yeltsin prohibió el viejo PCUS sin ningún tipo de resistencia. La clase trabajadora no tenía ningún representante en el nuevo parlamento. Pero nosotros sabemos que si se bloquea a la clase trabajadora en el frente parlamentario, ésta buscará otras formas de lucha. El período de 1992-1993 fue el del surgimiento de nuevos partidos. Éstos defendían el regreso a los gloriosos días del “Gran Líder Stalin” y la restauración de la Unión Soviética con las fronteras anteriores a 1991. Este tipo de pensamiento les llevo a una estrecha alianza con los grupos nacionalistas. Estos grupos habían apoyado inicialmente a Yeltsin como el “salvador” de Rusia del “comunismo judaico”, pero más tarde se enfadaron con él. Tampoco tenían un programa económico para la clase trabajadora más allá de la vuelta a los “buenos viejos tiempos soviéticos”. Para mucha gente que vivía la pesadilla capitalista de 1992-1993 esto era más que suficiente. La alianza de los “comunistas” con los nacionalistas y antisemitas alejo a muchos buenos jóvenes, trabajadores e intelectuales. Sin embargo, ante la falta de alternativas muchos trabajadores se afiliaban a estos partidos. El más fuerte de estos partidos era “Trudovaia Rossia” (“Rusia Obrera”). Esta organización, liderada por el periodista Victor Anpilov, se convirtió en un partido de masas con miles de militantes. Los años 1992 y 1993 fueron testigo de grandes manifestaciones y acciones de protesta en Moscú. Especialmente sangrienta fue la celebración del 1º de Mayo de 1993 en el que la policía se enfrentó a cien mil manifestantes. Ese día un policía murió y tres manifestantes fueron asesinados. Esto sólo sería el ensayo general de lo que estaba por venir.
El comienzo del contraataque.
El 21 de septiembre de 1993 Yeltsin decidió poner fin a su viejo conflicto con sus oponentes en el parlamento. Disolvió el soviet supremo y asumió todo el poder, gobernando por decreto. Este fue el decreto presidencial número 1.400. Formalmente, de acuerdo con la constitución rusa de entonces, esto era absolutamente ilegal. De acuerdo con la constitución, con la disolución del parlamento Yeltsin debería haber abandonado su puesto y convocado nuevas elecciones en tres meses. Era un primer paso para establecer un régimen bonapartista en Rusia. El tribunal constitucional ruso declaró que las acciones de Yeltsin eran absolutamente ilegales. Ese mismo día los primeros voluntarios llegaron a la Casa Blanca y construyeron barricadas simbólicas. Algunos llegaron para “defender la constitución”. Otros manifestaban no su apoyo al parlamento, sino su oposición al régimen de Yeltsin. La mayor parte de los trabajadores rusos ignoraban estos hechos. No tenían interés en defender un parlamento que hace mucho habia dejado de mostrarse interesado en las necesidades de los obreros. Victor Anpilov escribió en sus memorias: “Ante nuestro llamamiento a la huelga y la defensa del Soviet Supremo, la ZIL (una empresa automovilística de Moscú) respondió airada: ¿Yeltsin, Gaidar, Rutzkoy, Khasbulatov? ¿Cual es la diferencia? ¿Están luchando por el poder y debemos derramar nuestra sangre por ellos?”
El 23 de septiembre la Casa Blanca fue rodeada por cordones policiales. Se cortó el suministro de agua y electricidad. El objetivo de estas medidas era expulsar del edificio a los parlamentarios y sus seguidores. Por iniciativa del presidente Rutzkoy se llamó a defender la Casa Blanca a miembros de la Unidad Nacional Rusa (UNR) ¡los nazis rusos! Este fue un regalo para el aparato de propaganda gubernamental que lo utilizó para presentar a todos aquellos que estaban participando en la defensa del parlamento como parte de una conspiración comunista-fascista. Un simpatizante comunista escribió sobre esto en sus memorias:
“Con relación a la gente de Barkashov (UNR), todos los mirábamos desesperanzados. Quizás sean las unidades con mayor experiencia y mejor entrenamiento después de los Cosacos. Pero son fascistas. ¿Quién entre nosotros habría pensado que estaríamos junto a ellos? Pero están aquí; y eso hace posible que se diga que todos somos fascistas. ¿Quizás estén aquí especialmente para eso?”
El 3 de octubre alrededor de la Casa Blanca había en torno a 200 fascistas junto a otros pocos nacionalistas, pero se quedaron abrumados con la presencia de 300.000 manifestantes. Entonces, militantes de las juventudes comunistas, grupos anarquistas, organizaciones de izquierdas y marxistas convergieron en el edificio del parlamento. Se enfrentaron a los fascistas y distribuyeron panfletos. Los anarquistas y algunos otros grupos organizaron el “Batallón Médico Victor Serge” para cuidar de los heridos.
El ambiente general cambio a favor de los defensores del parlamento. Las masas no tenían ninguna ilusión en la democracia parlamentaria, pero les gustaba mucho menos la perspectiva de la dictadura de Yeltsin. El 28 de septiembre se dieron los primeros enfrentamientos violentos entre la policía especial (OMON) y diez mil manifestantes que querían ir en ayuda de los defensores del parlamento. La violencia policial enfureció a la opinión pública. Este se convirtió en un factor importante durante los siguientes días. El gobierno ordenó que se reforzase Moscú con destacamentos policiales de las provincias. A estas fuerzas de la OMON se les dio la orden de “dar una buena lección a esos presuntuosos moscovitas”. Atacaron con gran brutalidad a la gente en todas partes, algunas de sus víctimas no tenían nada que ver con el parlamento y la resistencia. Se dieron casos de jubilados apaleados hasta la muerte. Esta represión contra el pueblo de Moscú era la misma que utilizó la policía francesa contra los estudiantes en 1968, y tuvo los mismos efectos. Impulsó la acción de masas. El 30 de septiembre se construyeron las primeras barricadas.
¿Y qué estaban haciendo algunos “líderes” del parlamento? Estaban buscando un compromiso con el gobierno y hasta el último momento esperaban llegar a un acuerdo. Las negociaciones con el Patriarca Ortodoxo Ruso como mediador continuaron hasta el 2 de octubre. Para entonces, docenas de personas habían muerto y cientos habían resultado heridas.
La Rebelión
El 2 de octubre en la plaza de Smolensk unidades especiales de policía abrieron fuego contra una manifestación pacífica. Ese día cerca de 80 personas murieron o resultaron heridas. Pero el día siguiente, el 3 de octubre, fue un día de venganza. Más de 50.000 personas se congregaron en Gorki Park a las dos de la tarde para apoyar a los defensores del parlamento. Había muchos nacionalistas, pero la mayoría eran trabajadores, jóvenes y pensionistas gritando consignas comunistas y de izquierdas. Para daros una idea del tipo de personas presentes aquí hay un breve dialogo retransmitido desde la manifestación:
Periodista: ¡Hola! Soy de ITAR-TASS (Agencia de noticias rusa).
Manifestantes: ¡Vale! Pero debes decir la verdad acerca de lo que esta pasando aquí.
Periodista: ¡Ese es mi trabajo! ¿Quiénes sois? ¡Dicen que aquí solo hay lúmpenes!
[Risas Generalizadas]
Manifestantes: Yo soy ingeniero. Y yo, estudiante. Yo Trabajador. Yo soy un técnico. Yo estudiante. Yo soy ingeniero. Yo soy científico. Yo trabajador. ¡Sí… sólo lúmpenes y si techo!
Víctor Anpilov escribió en sus memorias que las consignas eran: “¡Constitución, Yeltsin a la cárcel, Rutzkoy Presidente, Unión Soviética, Lenin, Patria, Socialismo!”. Había alguna bandera nacionalista pero fundamentalmente había banderas rojas.
La población conocía la masacre cometida el día anterior y estaba furiosa. Decidió espontáneamente trasladarse hacia el soviet supremo. En el puente de Krimsky los cordones de la policía y el ejército estaban esperando a los manifestantes, pero no estaban preparados para un movimiento tan masivo, y las líneas de la policía fueron aplastadas. Algunos policías trataron de huir arrojando por el camino sus escudos y cascos e incluso abandonando sus vehículos. Otros pidieron clemencia y algunos incluso se unieron a la multitud. Es importante recordar que las masas trataron a sus enemigos con humanidad.
Los manifestantes continuaron su marcha hacia el parlamento pero entonces algunos seguidores de Yeltsin abrieron fuego desde el cercano ayuntamiento de Moscú. Inmediatamente después del ataque, los manifestantes asaltaron el ayuntamiento arrestaron a los policías y tiradores e incautaron sus armas y equipos. La bandera de Yeltsin, la bandera del ejército blanco y los colaboracionistas nazis, fue arrancada y reemplazada por la bandera roja. En pocos minutos la columna había llegado a la Casa Blanca y fue recibida por los defensores del parlamento.
Este fue un momento crucial. Yeltsin y sus seguidores estaban totalmente desmoralizados. El ejército vacilaba. Algunas pequeñas unidades llegaron al parlamento y se unieron a los defensores. Muchos dirigentes locales también declararon su apoyo al parlamento. El primer ministro de Yeltsin, Igor Gaidar, un hombre odiado por la mayoría de los rusos por sus “reformas”, llamo a los “defensores de la democracia” a defender en las calles a su presidente. Pero la burguesía moscovita no tenía suficiente coraje para enfrentarse a la insurrección de las masas. Solo unos pocos cientos de personas de las clases medias y de la “juventud dorada” aparecieron por la Tverskaia “para defender al presidente y la democracia”.
El problema estaba en la dirección. El sueño de los dirigentes parlamentarios Rutzkoy y Khasbulatov no era una revolución política. Querían el poder para ellos mismos o al menos un buen acuerdo con Yeltsin. Se opusieron tajantemente a armar a las masas, incluso cuando en la Casa Blanca había unos 5000 rifles AK.
Los estalinistas, incluso los más militantes, no estaban preparados para liderar el movimiento de masas, por eso se presentaron como los “defensores de la Unión Soviética”, pensando que sería suficiente con remplazar al malvado Yeltsin por el bondadoso Rutzkoy, y así se podría reestablecer la vieja URSS inmediatamente. No había una dirección revolucionaria. Las masas actuaron espontáneamente y esto era suficiente para que el movimiento empezase a caminar, pero no era suficiente para alcanzar la victoria final. Los líderes eran empujados por las masas y se sentían envalentonados por ellas, pero esos mismos líderes no tenían ni idea de como llevar a las masas a la victoria. Al final, la postura del ejército se volvió crucial. Muchos oficiales y soldados ordinarios no sentían ninguna simpatía por Yeltsin, pero los defensores del parlamento no enviaron a ningún agitador a los barracones, reduciendo su agitación a los militares que ya les eran próximos. Rutzkoy, antiguo general, apeló a sus ex compañeros. Pero muchos de los generales estaban profundamente ligados a la corrupción del régimen de Yeltsin y no querían ningún cambio. Le prometieron ayuda al soviet supremo, pero en el último momento se cambiaron al bando de Yeltsin. También estaba el papel que jugó la policía especial y los cuerpos especiales del ministerio del interior asesinos a sueldo que aunque no eran rival para el ejército estaban preparados para disparar a gente inocente con gran placer.
La noche del 3 de octubre, usando vehículos capturados y autobuses, la gente se trasladó al centro de televisión de Ostankino. Fueron allí no con la intención de tomar el edificio, sino simplemente para pedir a las autoridades televisivas que les dieran la oportunidad de expresar sus opiniones. El edificio estaba protegido por una unidad especial de policía, la “Vimpel”. En un primer momento la Vimpel solo tenía a 20 o 30 hombres custodiando el centro de televisión de Ostankino, pero las masas perdieron tiempo negociando con ellos (demostrando una vez más la naturaleza pacifica de los manifestantes) y la policía pudo así traer refuerzos, incluyendo soldados profesionales.
A las 19:10 horas los policías de la Vimpel abrieron fuego contra la multitud. Entre la muchedumbre no había más que un puñado de miembros del autodenominado Sindicato de Oficiales (una organización nacionalistas de antiguos oficiales del ejército soviético), armados con kalashnikovs, que respondieron al fuego. El resto manifestantes, publico en general, periodistas, niños intentaron escapar pero fueron atacados desde atrás por los carros blindados. La gente no tenia ninguna oportunidad frente a las ametralladoras pesadas de 14,5mm. El número de muertos y heridos aumentaba dramáticamente según pasaban los minutos. La policía especial también tiroteó al personal médico y a las ambulancias que trataban de evacuar a los heridos. Dos periodistas extranjeros de la televisión francesa Peck Rori y Danken Terry Mickel también recibieron disparos. El tiroteo alrededor del edificio Ostankino se prolongó durante toda la noche. Al mismo tiempo, en Leningrado, cientos de estudiantes acudieron a la estación de televisión local para declarar su solidaridad hacia el soviet supremo. El alcalde pro-Yeltsin de la ciudad, Anatoly Sobchak, envió cientos de policías y soldados del ministerio del interior para proteger el edificio. En las provincias alrededor de Moscú grupos de activistas y militantes comunistas desarmaron a la policía y tomaron el poder en algunas ciudades pequeñas. Mantuvieron estas posiciones durante algunos días después de que el soviet supremo hubiera caído.
En la madrugada del 4 de octubre Yeltsin finalmente llegó a un acuerdo con alguno de los generales para enviar algunas unidades a la ciudad. Éstas llegaron a la Casa Blanca aproximadamente a las 5 o 6 de la mañana. Las personas que defendían las barricadas de la Casa Blanca creían que estas unidades venían en respuesta a la llamada de Rutzkoy y por eso al principio las recibieron con alegría. Pero a los pocos segundos comprendieron su error. Los tanques y blindados abrieron fuego contra la multitud sin previo aviso. Aquellos que sobrevivieron a este primer ataque se refugiaron en el edificio del parlamento. Cientos de personas, incluyendo mujeres y niños, se agolparon en el edificio. En las horas siguientes los tanques fueron llegando a los alrededores del edificio y empezaron a bombardear el parlamento.
El mundo entero pudo ver estas imágenes a través de la CNN. Fueron acompañadas con reportajes e imágenes de esta gloriosa “¡nueva democracia rusa!” Cientos de burgueses moscovitas se sentaron en los bancos del río Moscú para observar el bombardeo del edificio del parlamento. En las noches anteriores estos mismos burgueses se distinguieron por su absoluta falta de valor. Ahora, protegidos por los tanques, se disponían a humillar y golpear a los prisioneros. Gritaban “¡Comunistas, estáis acabados!” Como se puede observar el ambiente entre la burguesía no ha cambiado mucho desde la Francia del siglo XIX. Lo irónico de la situación es que las tropas en su prisa por aplastar a los defensores del parlamento incluso golpearon a alguno de los burgueses que estaban aplaudiéndoles y algunos también recibieron disparos de las tropas gubernamentales. Pero esto es típico de semejante situación, como vimos en el 18 Brumario de Luis Bonaparte.
A las 15:13 horas el parlamento capituló. Cientos de prisioneros, incluyendo a los diputados, fueron subidos a autobuses y llevados a prisión. Rutzkoy suplicó clemencia, pero no esto no le salvó del ridículo. Alguno de los comandantes yeltsinistas le humillaron diciendo que un “verdadero general” no habría acabado en prisión en tres ocasiones (siendo antiguo piloto militar, Rutzkoy fue capturado y encarcelado en dos ocasiones por los mujaidines afganos). Sin embargo, algunos de los defensores de la Casa Blanca lograron huir a través de los subterráneos.
Moscú ahora se encontraba bajo el dominio del terror blanco. La ciudad fue ocupada por unidades del ejército y la policía especial. El día anterior Yeltsin había declarado la ley marcial en el territorio de Moscú. Se pudieron observar algunas escenas terribles dentro y en los alrededores del edificio del parlamento. El ejército y la policía cazaba a los seguidores del soviet y en muchos casos los fusilaba en el acto. En 1995 una comisión de la Duma rusa encargada de investigar estos hechos demostró que en los sótanos de la Casa Blanca se habían realizado ejecuciones masivas. El ejército disparó incluso contra los heridos, incluidos mujeres y niños. También se registraron casos de violaciones y pillaje. Esto no era Chile en 1973. ¡Era Moscú en 1993! La mayoría de las víctimas eran jóvenes trabajadores de entre 16 y 25 años.
De acuerdo con los datos oficiales durante esos días murieron 149 personas. Este dato no se acerca ni por asomo a la cifra real. El 7 de octubre incluso la pro-americana Radio Liberty tuvo que informar del asesinato de 1.012 personas y que muchas más murieron más tarde en los hospitales. La Voz de América informó de que muchos de los cadáveres de los que habían estado defendiendo el edificio del parlamento fueron incinerados durante la noche sin registro alguno. Al día de hoy, nadie sabe realmente cual es el número real de víctimas. Algunos estiman que la cifra podría estar cerca de las 2.000 personas.
Después de la rebelión.
Durante los días siguientes al aplastamiento de la rebelión, los principales dirigentes soviéticos, comunistas y nacionalistas fueron encarcelados y la prensa de la oposición fue cerrada. La prensa de derechas y la intelectualidad gritaban histéricamente “que se aplaste a los reptiles” (Razdavit gadinu) y pedían el establecimiento de un régimen de terror. Pero la posición de Yeltsin no era tan sólida como pudiera parecer. El conflicto dentro de la burocracia no se había resuelto ni siquiera después de la sangrienta victoria de la fracción de Yeltsin. El ejército seguía dividido. Mientras algunas capas de las masas se encontraban paralizadas por el golpe, otras estaban enojadas y veían a Yeltsin como un usurpador. Esto quedó patente en las elecciones al nuevo parlamento de Yeltsin la Duma. El PCFR (Partido Comunista de la Federación Rusa), dirigido por Gennady Ziuganov, obtuvo la mayoría. (El propio Ziuganov no fue detenido el 4 de octubre por que logró escapar del edificio del parlamento el día antes de que éste fuera bombardeado).
Enfrentado a esta realidad, a Yeltsin no le quedó otra alternativa que declarar una amnistía para todos los prisioneros políticos. Ahora dependía más que nunca de la cúpula militar, esto le empujaría más tarde a lanzarse a la aventura chechena. Para muchas unidades especiales los acontecimientos de Moscú en 1993 no fueron más que una “sesión de entrenamiento” para la sangrienta pesadilla chechena.
Los antiguos dirigentes soviéticos, Jasbulatov y Rutzkoy, encontraron su lugar en el nuevo régimen. Rutzkoy llego a ser gobernador de la provincia de Kursk y se convirtió en un virulento anticomunista. ¡Incluso prohibió la celebración del 1º de Mayo en su región!
Los líderes estalinistas de Trudovaia Rossia y del PCOR (Partido Comunista Obrero Ruso) se encontraron con una sorpresa desagradable una vez salieron de la cárcel. Las masas los abandonaron para apoyar al PCFR que acabo obteniendo una fuerte presencia parlamentaria. A día de hoy, esos partidos se parecen más a sectas de jubilados que a auténticas organizaciones políticas.
Los acontecimientos de octubre de 1993 fueron un importante punto de inflexión en la transición de Rusia desde un estado obrero deformado a un estado capitalista. El sistema soviético de 1993 no se parecía en nada al que había establecido la revolución de 1917. Se parecía más a un parlamento de diputados que a una asamblea de delegados elegidos democráticamente por los obreros. Pero incluso este soviet degenerado era demasiado para la naciente clase capitalista rusa. Las fuerzas sociales que se enfrentaron en 1993 eran las de un período de transición y transformación la burocracia, el proletariado, el ejército, la pequeña burguesía y la intelectualidad. La naciente clase capitalista rusa era aún demasiado débil en este período como para jugar un papel significativo en esos acontecimientos. Las masas trabajadoras de Rusia sufrieron una terrible derrota en 1993. Pero también recibieron una importante y sangrienta lección y valiosa experiencia. Pero como Lenin señaló, sin semejantes lecciones y experiencias no puede haber una victoria final.

2 comentarios:

airwolf dijo...

¡¡¡Hartos comentarios tiene tu Blog!!!

Saludos.

Nicolau dijo...

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