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domingo, 18 de mayo de 2008

La cuestión agraria en Corea del Norte. Evolución histórica 1945 – 1965


Kaos en la Red.-

Introducción

El 15 de junio de 1945, la Segunda Guerra Mundial terminaba en la Península Coreana. Las tropas soviéticas, junto a destacamentos guerrilleros autóctonos, derrotaban a los japoneses, que habían transformado a Corea en una colonia. Para entonces, Corea se convertía en el segundo país independiente más pobre del mundo. La estructura de su economía era completamente de tipo colonial. El 94% de las importaciones y el 93% de las exportaciones de Corea se realizaban con Japón.
En la parte norte, el 60% del PIB se producía en la agricultura, a pesar de que sólo una pequeña porción de la tierra es arable: menos del 19%. El resto de la parte norteña estaba completamente ocupado por bosques y montañas. Pero la distribución de estas tierras era, más aún, el problema más acuciante: algo más del 50% de las granjas eran propiedad de unas pocas familias de terratenientes. La mecanización y productividad de la tierra brillaba entonces por su ausencia.
La situación de la industria no era mucho mejor. La estructura industrial contenía grandes desequilibrios, con una mayor parte de las industrias situadas artificialmente en la costa oriental del país, para facilitar el expolio japonés. La mayor parte de las industrias satisfacían las necesidades de guerra del Imperio Nipón, como el gigantesco complejo químico de Hungnam, rápidamente transformado por el nuevo gobierno en una fábrica de fertilizantes. A esto se le sumaba la alarmante falta de cuadros y técnicos en la industria, ya que la mayoría de ellos eran japoneses, así como el sabotaje intencionado del ejército japonés en retirada.
¿Qué sucede entonces para que este pequeño país, con una situación de partida tan mala, sea ya en los años 80 un país industrializado que consigue una autosuficiencia del 98% en máquinas herramienta, del 80% en energía y, más sorprendente aún, del 100% en producción de granos?
Incluso analistas occidentales reconocen el éxito del modelo económico del país. Harrison Salisbury, tras una visita en 1972, afirma haber presenciado “un tremendo éxito técnico e industrial... En una base per cápita, es uno de los países asiáticos más intensivamente industrializados de Asia con la excepción de Japón”.
Todo esto se logra apoyándose, básicamente, en las propias fuerzas del país. De hecho, el sector externo del PIB nunca ha superado en toda la historia norcoreana el 15%. Además, Corea nunca se integró en las estructuras del COMECON ni dependió, más que durante tres años, de la ayuda externa. Esta estrategia de autosuficiencia, que no autarquía, fue una estrategia socialista de desarrollo denominada Juche, que Kim Il Sung, líder guerrillero y primer presidente del país, definió en los siguientes términos: “La posición a la que nuestro Partido consistentemente se adhiere es la siguiente: Juche en la ideología, independencia en la Política, autodefensa en la defensa nacional y auto-sostenibilidad en la Economía.”
En lo económico, la aplicación del Juche ha significado las siguientes tres medidas generales:-Desarrollo equilibrado, aún con preeminencia de la industria pesada.-Industrialización basada en los recursos domésticos, con acumulación de capital financiada con recursos propios, en lo básico.-Énfasis en la formación de capital humano.
Esta es la estrategia general de desarrollo socialista de Corea del Norte, que permanece vigente hasta día de hoy. Pasamos ahora a examinar más de cerca la cuestión agraria.
La cuestión agraria se analizará en dos partes. En el primer artículo se analiza cómo se estructura el modelo agrícola norcoreano y qué características propias tiene respecto al chino y al soviético. Aunque, obviamente, este es un proceso ininterrumpido, la evolución más grande se da en el periodo 1945-1965. En 1965 se procede a una reforma de la estructura interna de las granjas y el método de trabajo. Se busca con ello pasar a un modelo intensivo de economía. Aunque la búsqueda de mayor productividad que se da durante toda la historia norcoreana es a partir de 1965 cuando se hace más evidente. Por eso, lo analizo en un segundo artículo (que se publicará en Kaosenlared). También en él se analizarán diversos problemas que afectan a la agricultura norcoreana durante los 90 y que provocan lo que en Corea se conoce como la “Marcha ardua”.
Pero eso corresponderá a otro artículo. Comenzamos ya con la primera reforma agraria.
1946: la primera reforma agraria.

Corea alcanza su independencia justo después de la Segunda Guerra Mundial. Para un país atrasadola búsqueda de un modelo económico que le hiciese salvar la distancia con el llamado Primer Mundo era una imperiosa necesidad. Así, el modelo soviético se proyecta como el único capaz de asegurar el desarrollo de un país atrasado en poco tiempo. Justo antes de la Segunda Guerra Mundial, la década de los 30 había mostrado a un capitalismo en recesión tras el “Crack del 29” y a un socialismo, que mediante planes quinquenales, conseguía un desarrollo acelerado y una modernización galopante. Era una época de auge del modelo de planificación centralizada.
Durante los primeros años de revolución en Corea, la influencia soviética fue muy evidente. El propio gobierno coreano repetía el slogan “Aprendamos de los soviéticos” y más de 3000 especialistas llegaron al país. Sin embargo, la primera reforma agraria (marzo de 1946) tuvo mucho más que ver con los compromisos adquiridos por la guerrilla comunista con la población campesina del país. Se trató, básicamente, de una redistribución rápida y radical de las tierras, que alteró de forma definitiva la estructura social de la Corea rural.
La transformación de las bases del país fue completa durante ese año, en el que también se decretó la nacionalización de la industria, la ley de igualdad de sexos o la ley del trabajo. No es extraño que la parte sur del país estallara en manifestaciones durante este mismo periodo, por el agravio de tener un gobierno impuesto que les negaba leyes como las que sus compatriotas del norte estaban legislando.
La ley de reforma agraria de 1946, además, tuvo la particularidad de que fue la única reforma agraria del campo socialista que se hizo sin derramar ni una gota de sangre. Las condiciones eran propicias para ello: las grandes posesiones y mejores tierras eran propiedad del gobierno nipón o de particulares japoneses, que abandonaron el país. Entre los campesinos, además, había una demanda secular de reparto de tierras, ante la pobreza generalizada. Por último, los terratenientes que no aceptasen el nuevo régimen siempre tenían opción de migrar a la parte sur del país, donde por influencia de Estados Unidos se estableció un régimen oligárquico y colonial similar al impuesto por Japón.
Quizás por ello, la reforma se concluyó en tan solo 3 meses. Veamos las principales características de la reforma de 1946:a) Se confiscó la tierra a:Gobierno Japonés: 11,3% del total de tierras confiscadas.Criminales de guerra y colaboracionistas: 1,3% del total de tierras confiscadas.Tierras más allá de las 5 hectáreas: 23,8% del total de tierras confiscadas.Tierras con varios años de arriendo: 62,1% del total de tierras confiscadas.Organizaciones religiosas: 1,5% del total de tierras confiscadas.b) Se prohibió la venta, alquiler o dejar sin cultivar la tierra una vez realizada la redistribución.
c) Se cancelan todas las deudas de los campesinos con los terratenientes. También se confiscan irrigaciones, herramientas agrícolas, huertas,... de los terratenientes.
d) Finalmente, se redistribuyen las tierras, tarea a cargo de un Comité Popular para la reforma agraria. En cada villa, además, se elige en asamblea de campesinos (con la excepción de los terratenientes) un Comité Agrario. Comité Popular y Comité Agrario tuvieron la función de llevar adelante la reforma agraria, proceso que contó con una base popular amplísima.
-La distribución se hizo en función del número de miembros por familia que hubiese, sumado a la productividad de los mismos. Cada miembro, en función de su edad, sumaba más o menos puntos. La cantidad de tierras que recibiese una familia era equivalente a la cantidad de puntos que sumaba.
-Se estableció un sistema de impuestos único. Una de las principales reivindicaciones del movimiento campesino en Corea era la abolición del complejo entramado de impuestos que bajo el sistema colonial les quitaba hasta el 70% del valor de su cosecha. El nuevo impuesto en especie confiscaba el 25% de la producción, pudiéndose vender el resto en los mercados campesinos de forma libre.
-Del1'8 millones de hectáreas cultivables con las que cuenta la parte norte de Corea, 1 millón de hectáreas fueron redistribuidas. El total de familias beneficiadas fue de 724.522, recibiendo cada familia una media de 1'33 hectáreas de tierra. Tan solo el 2% de las tierras se pusieron bajo control estatal.
-Por último, los antiguos terratenientes también tomaron parte del proceso de redistribución de tierras. Sin embargo, la ley de reforma agraria obligó a que todos ellos se estableciesen en provincias diferentes a las que habían vivido hasta entonces. De esta manera, se evitaba que se reprodujesen sus antiguas relaciones de dominación sobre los campesinos pobres, al tiempo que se evitaba que la guerra de clases en el campo se convirtiese en una guerra de individuos.
-Por clases, esta es la distribución que se hizo:Trabajadores agrícolas: 2'3% sobre el total de tierras redistribuidasJornaleros sin tierras: 60,3% sobre el total de tierras redistribuidasCampesinos pobres: 34,6% sobre el total de tierras redistribuidasTerratenientes desplazados: 1% sobre el total de tierras redistribuidasTerrenos estatales: 1,9% sobre el total de tierras redistribuidasLos medios norcoreanos suelen llamar al periodo 1946-1949 como el Periodo de Desarrollo Pacífico. Fue un breve periodo de paz entre dos momentos de gran destrucción bélica: la lucha guerrillera anti-japonesa (hasta 1945) y la Guerra de Corea (conocida en Corea del Norte como Gran Guerra Patriótica de Liberación, entre 1950 y 1953). El periodo de Desarrollo Pacífico coincidió con dos planes de desarrollo (anual y bienal), durante los cuales, la producción de grano creció en un 39%. Cuando comienza la Guerra de Corea, la situación cambia radicalmente, con una pérdida en vidas humanas que supera ampliamente en el norte el millón de personas (sobre una población total de 9 millones) y que en el campo produce daños al 40% de las tierras.
La guerra de Corea inicia en el campo dos procesos que tendrán gran importancia en el futuro. Por un lado, la alarmante falta de mano de obra (por los reclutamientos) provoca la creación de organizaciones de ayuda mutua. Son impulsadas por el gobierno coreano, algunas sobre la base de antiguas relaciones de cooperación de tradición milenaria en Corea. Ejemplo de ellas son las sogyoli-ban (uso colectivo de animales de carga) o pummasi-ban (transplante colectivo del arroz, entre otras cosas). Por eso, tienen un gran apoyo en el campesinado: tanto por cultura como por necesidad. El número de cooperativas de este tipo asciende a 174 en 1953.
Por otro lado, el Estado toma posesión de granjas ante la necesidad de incrementar la producción de alimentos, llegando a poseer el 8'5% de las tierras. Esto le dará una experiencia de manejo y dirección muy útil para el futuro. Además, la guerra de Corea tiene tres consecuencias “positivas” involuntarias:
-Crea un sentimiento de unidad entre población, dirigentes y causa política.-Los elementos reaccionarios que no lo hubieran hecho, aprovechan para abandonar el país.-Al terminar la guerra, Corea recibe numerosos créditos y ayudas por parte de los países socialistas (será el único momento de su historia en que se dé esta situación).
Terminada la guerra, en Corea se empieza a pensar en la cooperativización de la agricultura.
El debate de la colectivización en la Unión Soviética

Como mencionaba antes, el modelo soviético era un referente muy cercano para Corea y el proceso de colectivización de la agricultura en la Unión Soviética fue examinado con lupa.
En la Unión Soviética, tras el caos de la Guerra Civil y en pleno periodo de la NEP, surgió un interesante debate sobre cuál debía de ser el rumbo y ritmos de la industrialización y colectivización del país. Los representantes de dos corrientes opuestas fueron Preobrazhensky, con su “ley de acumulación primitiva en el socialismo”, y Bujarin, con su “ritmo de tortuga”.
Evgeni Preobrazhensky argumentaba que el rasgo propio del socialismo era la clase obrera en el poder y, por tanto, eso requería un país industrial avanzado. Su énfasis en la industrialización le llevaba a proponer concentrar toda la acumulación del país, tanto del sector estatal como del privado, a través de tanto medios económicos como no económicos. La ley de acumulación primitiva en el socialismo significaba, en sus propias palabras, que la “acumulación socialista obligará a alienar parte de la plusvalía obtenida a formas pre-socialistas de economía”, o en otras palabras, remunerar al campesinado con menos valor del que producen para financiar con ello la industrialización.
Bujarin, por contra, buscaba la cooperación con el campesinado, a pesar del proceso de acumulación de riquezas que se estaba dando desde ciertos sectores (kulaks). Bujarin proponía que todo avance se diera en pequeños pasos de tortuga, para no matar así a la gallina de los huevos de oro, que era el campesinado.
La estrategia de desarrollo de la Unión Soviética, finalmente, se decantó más por el modelo de Preobrazhensky. Los tres rasgos distintivos más destacados fueron los siguientes:
-Industrialización acelerada, con énfasis en la industria pesada, como base para el posterior desarrollo del resto de ramas de la economía y del posterior incremento masivo del consumo.-Reducción al máximo posible, en un inicio, del consumo e inversiones agrarias, para aprovechar las plusvalías del campo para financiar el desarrollo industrial.-Énfasis en un alto índice de formación de capital, invirtiendo de forma masiva en el sector industrial.
Para la estrategia de desarrollo de Corea del Norte, la industrialización era una necesidad imperiosa. También lo era la premisa de construir una industria pesada fuerte para no tener una economía dependiente.
Sin embargo, la dirección revolucionaria, en su mayoría de pasado guerrillero y campesino, era muy reticente a poner en marcha un plan que practicase la “acumulación primitiva” con el campesinado del país. Se elaboró un plan por etapas de cooperativización, donde dos factores decisivos lo alejan del modelo soviético: el proceso se llevo a cabo completamente por medio de la inducción y el ejemplo y, por otro lado, se encontraron dos soluciones que evitasen en lo posible la acumulación primitiva, al tiempo que se seguía poniendo el énfasis en la industrialización del país: las ayudas solidarias y el movimiento Chollima.
La cooperativización (1954-1958)

La etapa experimental (1953-1954)El proceso de cooperativización comienza en Corea en 1953. El PTC lanza una intensa campaña de propaganda por todo el país explicando la cooperativización y sus ventajas. Corea tiene una división administrativa en provincias y en kun, equivalentes a los municipios en el Estado Español. Se fomentó que en cada kun del país durante esta primera etapa experimental se constituyesen dos o tres cooperativas modelo, formada por antiguos campesinos pobres. El proceso se hizo sobre una base de voluntariedad, tras la campaña de propaganda.
En estas nuevas cooperativas se experimentó el modelo de trabajo que más adelante se haría en toda cooperativa. Por ejemplo, la cooperativa Sanyang (provincia de Pyongan del Norte) se estableció en 1953. El Banco Agrario le concedió un crédito con el que compraron un animal de carga y herramientas agrícolas. Una unidad del Ejército de Voluntarios Chinos, además, les dio apoyo con vehículos militares. La producción, por supuesto, fue superior a la media, sobre todo realizándose en tierras tradicionalmente poco productivas. Para los campesinos esto supuso un gran impacto, al mostrárseles la superioridad del trabajo cooperativo en su propio kun.
Movimiento a escala total hacia la cooperativización (1954-1956)A finales de 1954, el gobierno lanzó un llamamiento a la cooperativización total de la agricultura. Al poderoso ejemplo de las cooperativas forjadas en cada kun, se le unió toda la serie de ventajas que el gobierno otorgó a las cooperativas. Entre ellas, la reducción del impuesto en especie, los créditos, el acceso prioritario a la tecnología (como tractores o semillas de alta calidad) y la movilización de trabajadores urbanos en los picos de cada temporada agrícola.
El proceso, aunque se dio rápido y con relativa autonomía de la población rural para decidir sobre el modelo de cooperativa, estaba planificado y dirigido por el gobierno. Prueba de ello es que la cooperativización se dio de forma pacífica y la producción no se resintió apenas. La producción de arroz bajó ligeramente entre 1953 y 1954, pero el global de producción de cereal entre 1953 y 1958 aumentó desde 2'327 millones de toneladas hasta 3'7 millones de toneladas: un incremento sin precedentes en la historia del país.
Este gran incremento sólo fue posible mediante un apoyo gubernamental desde el principio del proceso. Las obras de infraestructura durante este periodo fueron enormes, duplicándose el número de hectáreas irrigadas. También aumentó el número de estaciones de tractores, pasando de 15 a 70.
Al mismo tiempo, el país estaba viviendo la época de mayor crecimiento industrial de su historia. ¿Cómo fue posible? Es decir, si en la Unión Soviética para generar excedentes con que financiar la industrialización hubo de aplicarse “una acumulación primitiva”, ¿cómo consiguió Corea industrializarse al tiempo que hacía grandes inversiones en el campo?
Durante este periodo, Corea pudo financiar su crecimiento, en general, gracias a las generosas ayudas y créditos recibidos desde prácticamente todo el campo socialista. En el periodo 1954-1956, el 22'6% del presupuesto norcoreano procedía de ayudas y créditos. Por supuesto, el uso que hizo Corea de este dinero fue muy eficiente, uniendo la posesión de recursos financieros con la labor política sobre una población consciente de construir el socialismo.
Esta situación, de ayuda externa, pronto cambiaría. Sin embargo, vamos a examinar primero los diferentes modelos de cooperativa en Corea.
El gobierno del Frente Democrático, liderado por el PTC, propuso tres modelos de cooperativa a la población campesina, tras realizar una intensa labor de investigación. Estos modelos son los siguientes:
-Cooperativa de Tipo 1 – Ayuda Mutua: Los animales de carga y las herramientas agrícolas se ponen a disposición colectiva. El resto de pertenencias permanecen en propiedad privada.-Cooperativa de Tipo 2 – Semi-Socialista: Las tierras, los animales y las herramientas se utilizan de manera colectiva. El reparto de beneficios se realiza en función de la tierra aportada y del trabajo realizado.-Cooperativa de Tipo 3 – Socialista: Todas las pertenencias (a excepción de frutales colmenas y pequeñas huertas individuales) se trabajan colectivamente. El reparto de los beneficios depende únicamente del trabajo realizado.
La cooperativa de tipo 3 fue la mayoritaria desde el principio. En 1954, el 54% de las 1091 cooperativas existentes, eran de tipo 3. Para 1958, el proceso de cooperativización había concluido, con prácticamente el 100% de la población rural norcoreana viviendo en cooperativas.
Etapa de consolidación de las cooperativas (1956-1958)A partir de septiembre de 1958, el gobierno norcoreano impulsó la creación de cooperativas más grandes, fundiéndose así varias cooperativas. El número medio de familias en cada cooperativa creció de 80 a 300, pasándose de una media de 130 hectáreas a 500. Esta medida se impulsó por dos razones:
-Para facilitar la mecanización, reduciendo la ineficiencia típica de la agricultura de baja escala. Durante el Plan Quinquenal 1957-1961 se puso gran énfasis en la irrigación (se alcanzaron los 800.000 hectáreas irrigadas) y para 1960 unos 6.300 tractores ya estaban en uso.-La escasez de cuadros y técnicos, consecuencia de la devastadora guerra en un país atrasado, hacía necesario repartir a los cuadros mejor entre las cooperativas existentes. Con menos cooperativas entre las que distribuir, este proceso se hizo más sencillo.
La autosuficiencia

En 1956, Corea del Norte avanzaba a pasos agigantados en su recuperación post-bélica. La producción industrial creció, de media, un 42% cada año entre 1953 y 1956. De 700.000 toneladas de carbón, pasaron a producirse 3.908.000; de 4.000 toneladas de fertilizantes se pasó a 190.000 y, así, un largo etcétera.
La producción de alimentos superaba por fin los índices pre-bélicos. Además, el Plan Quinquenal que se formula para 1957-1961 era muy ambicioso y plantea la construcción de las bases del socialismo. Sin embargo, las relaciones entre Corea y la Unión Soviética empeoraron a partir de 1956. El plan quinquenal norcoreano preveía una inversión altísima en la industria pesada, con el objetivo de lograr cierto grado de autosuficiencia en todas las ramas de la economía. Por contra, la Unión Soviética, que proveía a Corea de sustancial ayuda financiera y técnica, tenía el propósito de integrar todas las economías socialistas dentro del COMECON, avanzando así hacia la división socialista del trabajo.
Las relaciones soviético-norcoreanas empeoraron. Corea se unió como miembro observador en el COMECON, pero las ayudas extranjeras, que en 1956 significaban el 22'6% de su PIB, se redujeron rápidamente al 12'2% en 1957 y al 4'2% en 1958.
Volvía entonces a plantearse el problema de cómo financiar la industrialización del país. Obviamente, la reproducción ampliada del capital existente daba un mayor margen de maniobra a Corea del Norte. Sin embargo, se iba a poner en marcha un nuevo proceso: el movimiento Chollima.
El movimiento Chollima

Ante el contratiempo que significaba la reducción de las ayudas de los países del Este de Europa, Kim Il Sung decidió apelar directamente a las masas. El presidente norcoreano visitó personalmente la planta de acero de Kangson y explicó a la asamblea de obreros las dificultades económicas y políticas del país. Esta manera de hablar directamente y sin tapujos de los problemas del país tuvo una respuesta inmediata de los obreros.
Kim Il Sung visitó otros centros claves de la producción. Este tipo de visitas se han convertido en Corea en una constante desde entonces. Ante la respuesta de la clase obrera de todas esas plantas industriales, la Asamblea Suprema Popular decidió lanzar el 11 de junio de 1958 el movimiento Chollima.
Chollima es, en la tradición coreana, un caballo alado que podía recorrer mil lis en un día (mucho más que una persona). Representaba la ambición de que el país creciera a un ritmo y de una manera nunca vistas hasta entonces.
El movimiento Chollima fue una campaña basada en el esfuerzo desinteresado y la innovación de trabajadores y campesinos. De manera similar al movimiento stajanovista soviético, tenía como objetivo la emulación socialista, con el objetivo de incrementar la producción. Pero, a diferencia del stajanovismo, el movimiento Chollima aspiraba a la emulación colectiva: era un llamamiento de tipo político, cuyo único incentivo material era otorgado a los grupos de trabajo y no a los individuos. De esta manera, se quería conseguir la emulación al tiempo que se evitaba el elitismo.
El movimiento Chollima, además, abarcaba todos los ámbitos de la sociedad, a diferencia del stajanovismo, que se centraba en la industria. Durante el año 1959, prácticamente toda la población norcoreana participó en actividades de emulación.
Y es que el objetivo no era únicamente el incremento de la producción, sino también la forja de un hombre y una mujer nueva, la forja de una moral comunista. El movimiento Chollima también tiene ciertos parecidos con el Gran Salto Adelante chino, aunque Chollima precede en 1 año al experimento chino. Como en China, se buscaba “andar sobre las dos piernas”, es decir, no sólo desarrollar la industria sino también la agricultura. Pero la diferencia fundamental entre ambos procesos es que en Corea todo se hizo adaptándose a las necesidades generales del país, es decir, el movimiento Chollima estaba estructurado dentro del plan quinquenal. En China, al contrario, se decidió dar vía libre a la espontaneidad y prácticamente deshacerse de cualquier planificación.
En Corea, los resultados fueron espectaculares. Durante los años del Plan Quinquenal, la producción industrial aumentó en un 44%, a pesar del fin de las ayudas extranjeras. Las industrias metalúrgicas y de máquina herramienta, esenciales para la industria pesada, aumentaron su participación en el producción industrial bruta de un 1'6% en 1954 a 21'3% en 1959. La emulación consiguió que la planta de Kangson, con una previsión de producción de 60.000 toneladas anuales, produjese cerca de 120.000. Este tipo de resultados se repitió en muchas fábricas. Por ejemplo, la Metalúrgica de Kim Chaek aumentó a 270.000 toneladas su producción, sobre una producción prevista de 190.000.
Sin embargo, el Estado ya preveía inversiones masivas en todo este tipo de industrias. Donde realmente es interesante ver los resultados de Chollima es donde el Estado preveía sustituir inversiones por la movilización masiva del entusiasmo de las masas: la industria ligera local y la agricultura.
Chollima y la industria ligera

La estrategia de desarrollo de Corea del Norte da importancia al desarrollo equilibrado de agricultura e industria ligera respecto a la industria pesada, a pesar de darle preeminencia a esta última. El movimiento Chollima llevó a la descentralización de una parte considerable de la industria ligera, llevando la iniciativa al kun (municipio).
De esta manera, la industria ligera pasa a utilizar, a partir de entonces, recursos y mano de obra local, ahorrándole grandes inversiones al Estado. Estos recursos y mano de obra se movilizan, además, mucho mejor a nivel local, pues es aquí donde se conocen bien las oportunidades y necesidades que existen. Se ahorran también costes de transporte. Además, la mayor parte de las materias primas que utiliza la industria ligera en Corea proceden de las cooperativas. De esta manera, se crea un ciclo de comercio que comienza en las cooperativas, pasa a la industria ligera local y termina en manos de los campesinos y trabajadores del campo.
Muchas industrias locales pasaron a asumir el trabajo de ofrecer servicios a las cooperativas. Tal es el caso de las reparaciones de maquinaria agrícola.
Los resultados fueron también en este caso impresionantes. En 3 meses se habían formado más de 1000 fábricas locales, el 85% de las cuales comenzó a funcionar inmediatamente. Si en 1956, la industria local representaba el 12'8% de la producción industrial total, en 1960 ascendía al 31'9%, a pesar del gran desarrollo durante este periodo de la industria pesada.
El espíritu y método de Chongsan-ri
El movimiento Chollima, necesariamente, cambió la manera de dirigir y organizar la agricultura. Además de la descentralización ya mencionada, Chollima introdujo una confianza muy grande en las iniciativas y esfuerzos de la base. De la misma manera que había visitado la planta de Kangso, Kim Il Sung visitó en 1960 la cooperativa Chongsan-ri, en las afueras de Pyongyang. Era una granja atrasada, para los estándards norcoreanos del momento.
Kim Il Sung permaneció 15 días en la cooperativa, supervisando el trabajo de dirección y corrigiendo algunos métodos incorrectos, para agilizar e incrementar la comunicación entre diferentes áreas de trabajo. Durante 1960, Kim Il Sung visitaría 39 veces Chongsan-ri. Toda la metodología elaborada durante sus visitas pasó a denominarse el método y espíritu de Chongsan-ri y a partir del mismo se estructuró todo el esquema de trabajo agrícola en el país.
El método Chongsan-ri enfatiza la importancia de que los órganos superiores se relacionen con los inferiores. De hecho, se exige, como tarea de los órganos superiores, bajar hasta los puestos de trabajo del inferior y conocer la realidad y los problemas existentes. Por ejemplo, los directores de granja deben ir a trabajar y hablar directamente con los campesinos de los equipos de trabajo.
El método Chongsan-ri considera que la labor fundamental es la labor política con las masas. La participación de las masas en todo el proceso de decisión es fundamental para involucrarlas. También es necesario canalizar su entusiasmo para llevar adelante las tareas, primando la movilización popular sobre el trabajo mecánico y burocrático.
Por último, el método Chongsan-ri también propone incentivos materiales (primas, salarios extra) por objetivos, pero nunca de manera individual. Se trata de evitar el individualismo a la vez que se fomenta la cooperación para conseguir determinados objetivos.
Kim Il Sung resumía así el método Chongsan-ri: Los aspectos esenciales del método Chongsan-ri son que los órganos superiores ayudan a los inferiores, los superiores asisten a sus inferiores y siempre bajan al lugar de trabajo para conocer las condiciones reales que existen y dar soluciones correctas a los problemas. Este método prioriza la labor política, es decir, trabajar siempre con la gente en todas sus actividades, dando vía libre al entusiasmo consciente y a la iniciativa creadora de las masas para asegurar el cumplimiento de las tareas revolucionarias.
En 1961, Kim Il Sung realizó el experimento de Chongsan-ri en la industria, creando así el sistema Daean.
Formación de Capital Humano
Un aspecto que no he tocado hasta ahora es el de la formación de capital humano. Corea, al finalizar la guerra, tenía una alarmante falta de cuadros y técnicos. Si el colonialismo japonés había desterrado de puestos de responsabilidad a los nativos coreanos, el problema se agravó con la guerra de Corea.
Por eso, el socialismo coreano siempre tuvo entre sus objetivos más inmediatos la educación y formación. Esto se acentuó a partir de 1956, cuando Corea comienza a perfilar su estrategia de autosuficiencia. Confiar en las propias fuerzas exige desarrollar al máximo esas fuerzas, por lo que la educación se convierte en una prioridad.
De esta manera, en 1956 se estructura por primera vez en Corea una enseñanza obligatoria elemental de 4 años. Sin embargo es verdaderamente a partir del movimiento Chollima cuando los llamamientos al estudio se convierten prácticamente en una constante. De 4 años obligatorios se pasan a siete, tres de los cuales son de secundaria. En 1959, los 4 últimos años se transforman en 2 años técnicos y 2 años técnicos superiores. En 1966, se amplían los años obligatorios a 9. Un año después, se proclama que todos los norcoreanos están alfabetizados. El que tan sólo 20 años antes era un país rural y pobre se adelantaba a muchos países occidentales en conseguir este objetivo. Ya en los años 70, la educación obligatoria se amplía a 11 años.
Uno de los ámbitos donde más se notó la formación de cuadros y técnicos fue en la sanidad pública. En 1954, se decreta la sanidad gratuita universal. En el periodo 1946 – 1963, el número de hospitales pasó de 85 a 585, el de médicos especialistas de 1.009 a 18.241 y la tasa de médicos especialistas por cada 10.000 habitantes pasó de 1'1 a 15'8.
La medicina se estructuró, además, desde una óptica preventiva. Así, cada médico es responsable de unas 600 personas. Llamadas a casa, rondas de chequeos, así como la promoción activa de la higiene y las medidas de salud son típicas del enfoque norcoreano de la salud pública.
Por último, cooperativas agrícolas y las fábricas de mayor tamaño pasaron a contar con sus propios dispensarios médicos.
Un nuevo modelo
Con todo, el movimiento Chollima, el sistema Daean y el espíritu y método Chongsan-ri, Corea del Norte estructuraba un modelo que, en líneas básicas, permanece inalterado hasta día de hoy. El modelo es, en buena medida, autosuficiente, aunque también autodependiente.
El modelo norcoreano se basa en la línea de movilización de masas, en llamamientos que apelan a la voluntariedad de la población y a su entusiasmo revolucionario. Chollima fue el primer experimento, pero ante su éxito, Corea del Norte pondría en marcha movimientos como “70 días de batalla productiva” o el movimiento “Velocidad de Pyongyang”.
El modelo norcoreano ve como esencial la participación de los trabajadores dentro de la toma de decisiones de su puesto de trabajo. Sin embargo, también concede gran autonomía a expertos y técnicos, aportando racionalidad.
El perfeccionamiento del sistema de planificación y remuneración ha sido constante. En 1964 se introducirá el Sistema Unificado de Planificación Detallada, que elimina la subjetividad en la planificación.
En definitiva, todo esto crea en Corea un sistema socialista con características propias. En el próximo artículo se desarrollan más los aspectos propios del socialismo norcoreano, con los que el país estructura en los 70 y 80 una de las agriculturas más intensivas del mundo, pero también con los que en los 90 llega la “Marcha Ardua”.

viernes, 29 de febrero de 2008

KIN IL SUNG: Para mejorar el método y el estílo de trabajo de los cuadros

Extracto de "Sobre las tareas de las organizaciones del Partido"Discurso resumen pronunciado en un pleno del Comité del Partido Provincia de Piong-an de Sur, 7 de enero de 1960
En este pleno del Comité del Partido de la Provincia de Piong-an del Sur, caí en la cuenta de muchas cosas oyendo el informe del camarada presidente del comité provincial y las intervenciones de numerosos compañeros.
En particular, en el pleno me llegó a lo vivo que nuestros cuadros se valían para todo del método administrativo.
En el pasado, los imperialistas japoneses gobernaron al pueblo coreano con el "absolutismo policiaco", usándolo como el único método de dominación, y ordenaron todo por la vía administrativa.
Ya pasaron 15 años desde la liberación de nuestro país del yugo colonial del imperialismo japonés. Pero entre nuestros cuadros no ha desaparecido aún esa rutina de recurrir para todo al método administrativo. Hoy día este es el defecto principal en las actividades de nuestros cuadros.
Por método administrativo de trabajo se entiende aquel que se vale para el trabajo de órdenes, castigos y resoluciones. Es decir, gobernar por la fuerza de la autoridad.
La batalla por la construcción del socialismo y el comunismo es una lucha revolucionaria. Revolución fue tanto la Lucha Armada Antijaponesa que habíamos desplegado en el pasado como el establecimiento de los comités populares, la realización de la reforma agraria, la nacionalización de las industrias y la cooperativización agrícola después de la liberación; lo es asimismo, la batalla que libramos hoy contra los imperialistas norteamericanos.¿Para quién desplegamos la lucha revolucionaria? Para el bienestar de las masas populares. Es decir, se hace la revolución para construir el paraíso socialista y comunista en el que todos por igual puedan vivir felices, bien alimentados y vestidos y sin que haya privilegiados ni humillados.
La revolución no puede ser promovida sólo por la fuerza de una o dos personas. Es una obra de y para las masas populares. Por eso, a fin de que triunfe la revolución, son indispensable la participación de las amplias masas populares y su movilización por métodos políticos en la lucha revolucionaria.No digo, desde luego, que no se necesite en absoluto el método administrativo en la revolución. Por ejemplo, cuando se organicen las filas, si todo el mundo quiere ponerse al frente y no a la retaguardia, no se podrá lograr el objetivo. Entonces se precisará emplear el método administrativo, es decir, ordenar a fulano ponerse al frente, y a mengano a la retaguardia.
Además, puede haber personas que sean difíciles de educar, por más que lo intenten. A ellas habrá que domarlas por el método administrativo, que no es, pues, del todo innecesario.
Pero este método no pasa de ser un medio en el trabajo revolucionario, y nunca puede ser recurso omnipotente.
No obstante, en la actualidad nuestros cuadros lo aplican en todos los trabajos como si fuera una panacea. Esto es algo suma mente erróneo.
Para movilizar en la revolución una multitud de gentes, que pueden ser heterogéneas, es preciso concienciar y guiar a todas ellas sin excepción. Concientizar a las personas significa conducirlas por el camino de la revolución.Como decimos siempre, para despertar la conciencia de los hombres es necesario dar prioridad a la labor política. Tenemos que aplicar este método en cualquier trabajo.
Dar prioridad a la labor política significa inspirar a los hombres al cumplimiento de las tareas revolucionarias dándoles a conocer bien su objetivo, su significación y el método para cumplirlas, de modo que se movilicen a conciencia.
Por ejemplo, si este año se quiere realizar la mecanización en el campo, hay que explicar su necesidad, sus ventajas y su método, así como quién debe ir al frente. De este modo, se debe lograr que las gentes tomen parte activa en la lucha por la mecanización del agro con la decisión de terminarla sin falta porque es una tarea muy importante y necesaria.
El objetivo de estas reuniones que han durado unos días, consiste también en dar a conocer qué errores se cometieron en el cumplimiento del plan de la economía nacional del año pasado, cómo trabajar para corregirlos y cumplir exitosamente el de este año, de qué manera realizar la mecanización de la economía rural y cómo mejorar e intensificar la labor del comité popular. Así pues, este pleno no es una reunión administrativa sino una reunión y una labor política, destinada a despertar y movilizar a todos. Huelga decir que precisamente para dar prioridad a la labor política, no se deben celebrar reuniones con frecuencia.
Los métodos de la labor política son diversos: la reunión, la conservación, la conferencia, la explicación por el periódico, etc.
Hoy entre nuestros cuadros hay no pocos que no trabajan dando prioridad a la labor política sino, únicamente, a la administrativa. Hasta los cuadros partidarios se valen de este método. Como resultado, la labor del Partido va conviertiéndose en un quehacer administrativo.
Hay cuadros partidarios que no educan a los militantes, sino que los sancionan o califican de personas de mala fe por el menor error que cometan, aduciendo su origen social y otras cosas. Este es un estilo de trabajo perjudicial que separa al Partido de las masas populares.
Los coreanos tiene muchos residuos de la ideología del imperialismo japonés porque vivieron bajo su dominación colonial. Entre ellos están los que para ganarse el sustento sirvieron en sus organizaciones como empleados, profesores u obreros. Al fundar el Partido, inmediatamente después de la liberación, tuvimos en cuenta esta situación. Debemos, pues, agrupar a todos, excepto a un reducido número de elementos projaponeses y contrarrevolucionarios que, como lacayos de los imperialistas nipones, se opusieron a la revolución y asesinaron a compatriotas.
Por supuesto que entre los militantes puede haber rezagados. Si no fuera así, el trabajo educativo del Partido sería innecesario. Pero, en efecto los hay y es por eso que realizamos el trabajo de educarlos para transformarlos y movilizarlos a la revolución.
Lo principal del trabajo del Partido ha de ser la educación.
La organización del Partido es como una madre para sus miembros, y éstos son como sus hijos. ¡Y cuánto no se esfuerza una madre para que sus hijos no se perviertan! Entre ellos puede haber uno de carácter impetuoso, otro muy revoltoso, otro de buen corazón y otro de mala conducta. Pero la madre los ama y educa por igual. Se preocupa siempre por si tienen hambre o frío, les aconseja de antemano para que no caigan en el vicio y, cuando cometen un error, sintiéndose afligida, los reprende rigurosamente y los educa. Así la madre ama a sus hijos con toda las fibras de su ser. Por eso no hay hijo que aborrezca a su madre.
Nuestros cuadros partidarios deben amar a los militantes, como una madre ama a sus hijos. En este caso, amar es educar. No puede existir el amor separado de la educación.
Los presidentes de los comités de distrito o comuna del Partido deben conocer bien a los militantes y educarlos constantemente conforme a sus condiciones individuales, previniendo hasta los errores en que puedan incurrir.
Nuestra experiencia demuestra que si los cuadros responsables conocen bien a los militantes, los aman y los guían bien de acuerdo a sus características, no fracasan en ningún trabajo.
Lo mismo ocurrió cuando librábamos la Lucha Armada Antijaponesa: si los jefes amaban y guiaban minuciosamente a sus soldados, marchaba bien el trabajo; en caso contrario, no lograban éxitos.
En el caso, por ejemplo, de enviar un grupo de exploradores, el comandante les daba indicaciones minuciosas sobre un mapa: si pasan tal monte aparecerá un camino del que deben cuidarse al cruzar porque pueden estar emboscados los japoneses; en tal otro lugar hay una aldea donde es probable que existan espías, y por eso deben andar con ojo avizor; si se les pregunta algo, contesten de tal modo, etc. Entonces los exploradores regresaban habiendo cumplido sin falta la misión. Pero si el comandante no les daba indicaciones concretas, sino, únicamente, la tarea de reconocer cierto objetivo en tal lugar, entonces irremediablemente cometían algún error o regresaban fracasados.El presidente del comité del distrito o la comuna del Partido, al asignar tareas a los militantes, debe explicarlas detalladamente. Todo esto forma parte de la educación. Ella no se limita a la que se imparte en la escuela o en el centro de cursillos.Pero en la actualidad algunos cuadros no educan ni cuidan a los militantes, y, cuando éstos cometen errores, los reprenden y tratan de castigarlos. No hay que proceder así.Nuestros militantes son compañeros revolucionarios que se han unido en un solo haz durante 15 años, desde la liberación hasta la fecha, a través de las duras batallas por la transformación de la naturaleza y la sociedad y los sangrientos combates contra nuestros enemigos. Participaron unánimemente, a raíz de la liberación, en la lucha por establecer el Poder popular, efectuar la reforma agraria, la nacionalización de las industrias y otras reformas democráticas; durante la Guerra de Liberación de la Patria combatieron, derramando su sangre, contra la invasión armada de los imperialistas yanquis, y después de ella lucharon por reconstruir sobre las ruinas las fábricas, empresas y viviendas, así como por organizar cooperativas agrícolas e implantar el régimen socialista. Los cuadros del Partido deben saber apreciar a estos compañeros revolucionarios, educarlos y agruparlos.Si una madre reprende y golpea a su hijo cada vez que lo ve, éste no podrá quererla aunque ella le haya dado a luz y criado. Pero la respetará y amará, sin excepción, si es que ella lo ama de corazón y corrige sus errores cariñosamente. Los trabajadores de nuestro Partido deben llevar a cabo sus actividades con afecto maternal.
Hay que consolidar la unidad y cohesión del Partido.
Este problema fue insistentemente subrayado en el Pleno de Diciembre de 1959 del Comité Central del Partido. Sólo fortaleciendo su unidad y cohesión podremos cumplir con éxito las inmensas tareas revolucionarias que enfrentamos.
Hasta hoy hemos llevado a cabo muchos trabajos, pero aún nos quedan muchos más por realizar. Los comunistas coreanos tienen ante sí las importantes tareas de fortalecer aún más la base material y técnica del socialismo, acelerando con energía la edificación socialista en el Norte de la República, reunificar la Patria y construir la sociedad socialista y comunista en toda Corea. Nuestras tareas son inmensas y nos restan muchas cumbres por vencer. Para conquistar las empinadas cimas del socialismo y la reunificación de la Patria debemos juntar, como un sólo hombre, a un millón de militantes y consolidar férreamente la unidad y cohesión del Partido.
Pero por consolidar esta unidad y cohesión no queremos que se descuide la lucha de clases ni la batalla ideológica en el Partido. Si no libramos la lucha ideológica, aparecerán en el Partido concepciones capitalistas y otras ideas nefastas. Debemos combatirlas duramente sin entrar en ningún compromiso.
En la sociedad socialista la lucha de clases asume dos formas. Una es la educación la otra la violencia. A los que sean susceptibles de educarse hay que transformarlos por este método, pero a los enemigos reacios a ello se les debe aplicar la violencia. Tenemos que expulsar del Partido a los elementos extraños que tratan de destruirlo desde dentro con sus ideas hostiles. Mas debemos confiar en los que incurren en errores en el curso del trabajo o tienen un pasado social y político complejo, y unirnos con ellos, educándolos y transformándolos.
Como dije a los trabajadores de la propaganda y agitación del Partido, durante la Lucha Armada Antijaponesa no tuvimos otra cosa en que apoyarnos que la unidad. Luchábamos confiando únicamente en la unidad y en la cohesión ideológica y volitiva de las filas revolucionarias.
Si los guerrilleros antijaponeses hubieran participado en la lucha revolucionaria por imposición ajena, probablemente habrían huido en los momentos difíciles. Pero, como eran revolucionarios que se unieron voluntariamente a la Guerrilla Antijaponesa con la decisión de combatir al imperialismo japonés, lucharon a riesgo de su vida confiándose y ayudándose mutuamente. Si entre ellos hubiera existido uno que no quisiera luchar juntos con nosotros, habría podido escapar con su fusil cuando le tocara el turno de guardia. Pero confiábamos firmemente en todos los soldados y luchábamos contra los enemigos y ayudándonos unos a otros. Esa confianza y unidad férrea con los camaradas revolucionarios nos permitieron lograr la victoria en los 15 años de lucha contra el imperialismo japonés. La experiencia de la Lucha Armada Antijaponesa nos muestra que sólo podemos triunfar en la lucha revolucionaria cuando confiamos, apreciamos y nos unimos a los camaradas.
Todos los que militan ahora en nuestro Partido han ingresado en él voluntariamente, aceptando su Programa y Estatutos, para construir el socialismo y el comunismo.
Si a raíz de la liberación, cuando fundamos el Partido, hubiéramos apartado a tal o cual persona poniéndole las más peregrinas condiciones, no habríamos logrado realizaciones tan grandes como las que vemos hoy. Si los militantes del Partido no nos hubiésemos unido y confiado mutuamente, no habríamos podido fundar el Poder popular, ni efectuar la reforma agraria, la nacionalización de las industrias y otras reformas democráticas, ni tampoco realizar hazañas tan notables como era rechazar la invasión armada de los imperialistas yanquis, rehabilitar sobre las cenizas la economía nacional destruida, y establecer el régimen socialista.
El poderío y la combatividad actuales de nuestro Partido se debe a su sólida unidad y cohesión y al firme aglutinamiento de todos los militantes en torno del Comité Central.
La historia de nuestro Partido es la de consolidación de su unidad y cohesión en medio de la lucha. Ustedes deben conocerla bien, lo mismo que su política.
En adelante debemos consolidar aún más esa unidad y cohesión. Es probable que los cuadros y los demás militantes cometan errores en el trabajo. En tales casos no se debe tolerarlos o pasarlos por alto, sino criticarlos a tiempo y corregirlos. Sin embargo, no está permitido castigarlos y expulsarlos del Partido así no más. Aunque hayan cometido errores, hay que seguir empleándolos, atenderlos y unirlos, educándolos y transformándolos.
El trabajo del Partido constituye, precisamente, una labor educativa y política. Las organizaciones partidarias tiene que educar y aconsejar a los cuadros y otros militantes y elevar sus capacidades políticas y prácticas para que todos ellos cumplan plenamente sus tareas revolucionarias.
Los cuadros de organismos administrativos y económicos, para no hablar ya de los trabajadores del Partido, no deben aferrarse exclusivamente al método administrativo sino realizar su labor políticamente. No es omnipotente la administración sino la política.
Actualmente, los cuadros de los organismos administrativos y económicos consideran que el trabajo político es de la incumbencia de los trabajadores del Partido, mientras que ellos deben realizar los quehaceres administrativos y económicos, y que por eso pueden trabajar de manera impositiva. Están equivocados. Tampoco ellos deben aplicar en su trabajo el método administrativo sino el político que consiste en adentrarse en las masas, divulgarles ampliamente la política del Partido, enseñarles la manera de ejecutarla y movilizarlas en su materialización.
En el ejército, antes de dar la órden de combate, el jefe informa a los soldados con qué enemigos se tienen que ver, por qué deben combatir, la forma de hacerlo, así como su número y lugar de dislocamiento. Del mismo modo, los cuadros de los organismos administrativos y económicos han de anteponer el trabajo político a todos los demás quehaceres.
Los responsables de los organismos administrativos y económicos son, sin excepción , miembros del Partido del Trabajo. A todo militantes le incumbe llevar a cabo la labor política. También los quehaceres económicos pueden ser realizados con éxitos cuando se impulsan por el método político.
En el pasado, el ministro y los viceministros de la Industria Metalúrgica frecuentaron día y noche, a título de viajes de orientación, la Fundación de Hierro de Juangje, pero su trabajo no marchaba bien. Para encontrar la causa, fuimos allí, convocamos a una reunión del Partido y escuchamos las opiniones de los militantes. Entre ellos había muchos y excelentes elementos medulares, quienes analizaron punto por punto la causa de la deficiente marcha de la producción, dejando ver muchos problemas interesantes. Así, para ahondar más en el estudio de los problemas, prolongamos 3 días dicha reunión y luego abrimos la de sus organizaciones de taller.
Yo participé en la reunión de Partido del taller de acero. En este taller había muchos militantes activistas, quienes criticaron en la reunión tal o cual defecto y propusieron esta u otra forma de mejorar el trabajo. Luego de sintetizar sus buenas sugerencias reabrimos la reunión del comité de la fábrica del Partido y tomamos las medidas para rectificar los errores. Como resultado, actualmente en la Fundación de Hierro de Juangje aumenta la producción.
¿Qué demuestra esto? Que para lograr éxitos en cualquier tarea es indispensable hacer el trabajo político.
En la Fundación de Hierro de Juangje nosotros logramos encontrar mediante la labor política la causa de la deficiente marcha de la producción, pero el ministro de la Industria Metalúrgica no pudo dar con ella porque, sin realizar esa labor, se encontró sólo con el director o el ingeniero en jefe y regresó. Por lo tanto, en los trabajos partidario, administrativo y económico es preciso acabar de una vez para siempre con el exclusivismo del método administrativo y aplicar de manera fundamental el método político.
Esto no significa, por supuesto, que los organismos del Poder popular deben desistir del trabajo administrativo. Al hablar actuar con el método político no queremos decir que se deje el trabajo administrativo, sino que, anteponiendo la labor política, hay que realizarlo por medio de la organización y movilización de las masas.
Subrayó una vez más que lo principal del trabajo partidario es la educación. Por eso, no se permite en él el procedimiento administrativo. Debemos eliminarlo de raíz, entre los trabajadores del Partido, así como al formalismo y el burocratismo, y establecer con firmeza el método revolucionario y el estilo popular de trabajo de nuestro Partido para registrar un gran avance en las actividades del mismo.
A fin de cumplir plenamente con las tareas asignadas, las organizaciones del Partido deben mejorar el papel de su comité.
Esto no significa en absoluto que los presidente y otros miembros del comité del Partido abusen de su autoridad, sino que discutan colectivamente todos los trabajos en el comité y se repartan las tareas entre ellos y los cuadros administrativos para llevarlas a cabo. Así deben trabajar todos los comités del Partido, sean los de fábrica, de distrito o de provincia.
El partido es, literalmente, una organización política integrada por muchas personas. Intensificar la dirección y control del Partido significa que sus organizaciones discutan y resuelvan colectivamente en sus respectivos comités todos los problemas planteados y realicen del mismo modo sus actividades de dirección y control. Por eso les incumbe intensificar la consulta, la dirección y el control colectivos de sus comités.
Hay que elevar el sentido de responsabilidad de los cuadros. Esto significa cumplir su papel en bien de la revolución. De lo contrario. No pueden efectuar sus tareas revolucionarias.
Los cuadros deben empeñarse en acrecentar su sentido de responsabilidad y realizar puntualmente todas las tareas, sintiéndose afligidos cuando vean marchar mal un trabajo. Mostrarse indiferente, no importa si la tarea asignada se cumpla o no, indica una actitud holgazana hacia el trabajo. Nuestros cuadros que luchan por el comunismo no pueden proceder así. Todos ellos, elevando más su sentido de responsabilidad, tendrán que realizar satisfactoriamente sus tareas revolucionarias.

CANTACLARO AL SERVICIO DE LA REVOLUCION

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